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Por Bob Ekblad
Soy capellán de la cárcel por medio
tiempo. Dos veces a la semana atravieso cinco puertas de grueso
acero al deprimente centro de las instalaciones de alta seguridad
del Condado Skagit.
Los guardias permiten que los hombres que están interesados
en mi estudio bíblico en español salgan de sus
celdas y, escoltados, los conducen al salón de usos
múltiples y biblioteca de la cárcel donde sentado
les espero.
La mayor parte de los hombres, chicanos y mexicanos, a los
que les leo la Biblia están en situaciones de crisis
y tienen cargos por diferentes delitos.
Se encuentran encerrados en pequeñas celdas durante
18 horas al día por meses, lo que se lleva hasta presentarse
a sus audiencias.
Muchos reos se sienten completamente aislados: nadie acepta
sus llamadas por cobrar y nadie los visita durante las horas
de visita.
Padres y novias muchas veces no quieren saber nada de ellos
después de unas relaciones abusivas por comportamientos
de locura a causa de las drogas o el alcohol.
Algunos encaran años de prisión y muchos serán
deportados de la Patrulla Fronteriza.
Cuando tengo un grupo o personas nuevos que no he conocido
antes a menudo les pregunto:
"¿Tiene algún sentido que Dios esté
con ustedes?". "¿Han escuchado la voz de
Dios aquí en la cárcel?".
Unos agachan la cabeza. Otros mueven la cabeza, negando.
"Nada", a menudo contestan. "No, ni veo ni
siento a Dios". Les digo que yo creo que Dios está
con ellos. Comprendo la gran dificultad que conlleva percibir
a este Dios invisible.
Leemos juntos la lectura del domingo: "Mis ovejas reconocen
mi voz, y yo las reconozco a ellas y ellas me siguen. Yo les
doy vida eterna, y jamás perecerán ni nadie
me las quitará. Lo que el Padre me ha dado es más
grande que todo, y nadie se lo puede quitar. El Padre y yo
somos uno solo".
Debes ser una oveja de Jesús para escuchar su voz,
dice Jesús en el Evangelio de hoy.
¿Qué significa esto?. ¿Cómo puedo
convertirme en una oveja?. Parece más difícil
que nacer de nuevo. Les dije a esos hombres que hay maneras
de oír la voz de Dios ahí en la cárcel.
"Mientras están aquí, espero que lleguen
a ver que Dios está con ustedes, que Dios está
para ustedes", les dijo. "Aunque esto no depende
de ustedes nada más, es de gran ayuda aprender a ver
y a oír.
¿Cómo pueden oír esta voz?. Del mismo
modo que ustedes no son ovejas, pueda ser que no sea precisamente
por medio de una voz.
Podría ser algo que ustedes sientan o perciban en
lo profundo de ustedes. Que se sientan cuidados y respetados
como nunca antes se habían sentido. Podrían
experimentar paz, o alivio o un reto emocionante. Siguiendo
pistas para oír más y llegar a conocer a Dios,
quien está activamente encaminándolos.
Como Dios los está guiando, ustedes pueden escuchar
la voz de Dios donde estén. Es muy probable que ustedes
estén más dispuesto a escuchar si están
en un momento de crisis o necesidad.
Muchas veces acepto llamadas por cobrar de gente que he conocido
en los estudios bíblicos de la cárcel y que
ahora están en penales.
Manny, un muchacho de 24 años me ha llamado últimanente.
Está incomunicado en la Penitenciaría del Estado
de Walla Walla.
Cuando llamó, de casualidad estaba leyendo el principio
del Génesis:
"En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y
la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma;
todo era un mar profundo cubierto de oscuridad".
Manny me dijo que últimamente había estado
verdaderamente deprimido . Se sentía sumergido en la
oscuridad.
Le leí lo que justo había estado leyendo, y
le señalé que Dios está presente en la
oscuridad. Dios está creando.
"¿Sientes la presencia de Dios contigo, Manny?".
Le pregunté.
"Sí, él estaba conmigo", dijo Manny.
"¿Cómo es eso?", le pregunté.
"¿Cuándo lo sentiste?".
"Pues, el día de hoy. Hoy mismo lo sentí".
"Cuéntame acerca de eso", le dije, "Solamente,
si quieres".
Manny me contó cómo él y Pooky, otro
muchacho que conozco, que también estaba incomunicado
en la celda del piso de arriba de la de él, habían
estado platicando.
Me dijo cómo habían descubierto que si ellos
le bajaban a la taza del baño al mismo tiempo, vaciando
el agua que había en ellas, podían hablar a
través de las tazas vacías.
Me dijo que justo esa mañana había estado leyendo
un salmo a Pookie.
"Le leí el salmo 21. Ése es mi favorito",
dijo Manny. "Realmente me emocionó", continuó
Manny. "Realmente me emocionó lo que a mi hermano
le emocionó".
Casi se me cae el teléfono, como si yo también
estuviera escuchando la voz de Dios cuando Manny hablaba.
Por cierto, el equivalente al griego de voz es "phone".
"Esto es maravilloso", le dije. "¿Sabías
que en Génesis 1: 2-3, el relato continúa así?:
"y el espíritu de Dios se movía sobre el
agua... y entonces Dios dijo "¡Qué haya
luz!".
"¡El espíritu de Dios se estaba moviendo
sobre el agua de sus tazas del baño!", le dije,
"y mira, Dios habló". Tanto Manny y yo quedamos
anonadados.
Traté de imaginarme la buena nueva que habían
estado escuchando ahí en sus diminutas celdas, solos.
Traten de imaginarse a sí mismos en este momento ahí
incomunicados en una pequeña celda de castigo de una
enorme prisión.
Imagínense a ustedes mismos escuchando este salmo
a través de la taza de su baño. ¿Qué
buenas nuevas estarían escuchando?.
"El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes
praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce,
me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos, haciendo
honor a su nombre. Aunque pase por el más oscuro de
los valles, no temeré peligro alguno, porque tú,
Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón
me inspiran confianza. Me has preparado un banquete ante los
ojos de mis enemigos; has vertido perfume en mi cabeza, y
has llenado mi copa a rebosar. Tu bondad y tu amor me acompañan
a lo largo de mis días, y en tu casa, oh Señor,
por siempre viviré". (Salmo 23).
"Mis ovejas reconocen mi voz", dice Jesús.
Estas ovejas incluyen a Manny, Pooky, a tí, a mí,
aún cuando estemos alejados o en lugares oscuros y
encontremos una fe imposible. "yo las conozco y ellas
me siguen", continúa Jesús. "Yo les
doy vida eterna, y jamás perecerán ni nadie
me las quitará".
Manny, Pooky, tu y yo estamos seguros en el tierno pero
firme puño de Dios. Y Dios es tan humilde que nos habla
hasta a través de la boca sucia de unas tazas de baño.
Invierno
2001 Indice
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